¡¡¡Primer día de Feria!!!

Bitácora de una caseta en la Feria del Libro de Granada.
Por Luciana.

¡¡¡Primer día de Feria!!!

Luego del corre-corre de las 13 cajas que llegaron a pocos minutos de abrir la caseta, de abrirlas, controlar albaranes, preciar libros en una hora y cuarto, llegamos al primer día.

Antes de abrir, voy al pipí room oficial: esos grandes almacenes que Granada tiene en la Carrera de la Virgen.
Al darme el paseo hasta allí, lo de siempre: me indigno con las casetas que abren media hora antes del horario permitido (y mientras tanto venden) y me pregunto por qué se les permite hacer eso.

Me digo que eso es competencia desleal y me encabrono. Finalmente hago lo que tengo que hacer en los grandes almacenes, y cuando regreso me pongo a mis cosas. Total, tengo un problema de 13 cajas ausentes, lo que hagan las demás casetas me ne frega.

Abre la Feria… empieza el Rocanroll:

Un señor se acerca a pedirme bolis.
-No tenemos bolis, solo libros.
Y me responde, casi sin dejarme terminar la frase:
-En las librerías tienen bolis.

Intento cerrarle la charla:
-Nosotros tenemos solo libros. Esta Feria se dedica solo al libro. Si quiere puede ir a aquella tienda de allí (se la señalo, más allá de la Fuente de las Batallas), que allí sí tienen bolígrafos

Pero parece no importarle lo que pueda decirle. Responde que ya lo sabe, pero que él quiere bolis aquí, que podríamos tener bolis porque en las librerías se venden bolis. (Las personas argentinas en la sala se acordarán del interventor aquel de colectivos que decía «atiendo boludos«: ese interventor soy yo ahora mismo).

Aviso a mis padres para que vengan y que traigan mate y alfajores.
Ellos llegan, y son los rockstars del lugar: saludan a las vecinas del barrio. A Susa, a Eva y su madre, a Juan de los Bosques. Todo el mundo conversa con ambos.

Mientras voy lidiando con el toro del ordenador, que no me acuerdo cómo se pasa una venta en la Feria (todo es distinto en ella), aparecen dos botellines y una tapa de jamón por en medio.
Adiós, mate con alfajores. Podré ser muy argentina pero al jamón y a la cerveza fría a las 12 del mediodía no se le dice que no por mucha argentinidad que valga.

Cerve con tapita de jamón mata a mate con alfajores…

A la tarde, quedó inaugurada «La Feria»: recibimos la visita de la familia del Papaupa, nuestra Santa Sede en el Realejo, que vinieron a saludar y celebrar una feria diferente: pusieron música de caseta de Feria de Abril, sacaron unos frutos secos, un servilletero de Cruzcampo de los años 80 y una botella de manzanilla que de repente estaban sirviendo en vasos de chupito. Como en la Feria de Sevilla, pero cantando «Graná tiene un color espesiaaaal».

La familia Papaupa inagura la Caseta de la Feria.

Cae la tarde, siguen llegando amigas de la librería. María, Lili, Penélope, Carol, Blanca, nuestra gestora Bárbara, Luis, ¡mucha gente!
Siempre es un subidón ver caras conocidas, que pasan a saludar, a dar apoyo, a preguntarnos cómo vamos, qué nos hace falta.
Y vamos bien, amigas, con el impulso que nos dais cada día que venís a vernos a la Feria, tiramos palante más y mejor.

Igual que cuando venís a ¡¡¡Tremenda!!!
Estamos en la Feria porque nos gustan los libros y la gente que nos acompaña. Cuando no éramos libreras, íbamos a la Feria del Libro de nuestras ciudades (Buenos Aires y Madrid) con una lista de libros que queríamos comprar, revisando el presupuesto que teníamos. Nos gustan las Ferias del Libro tanto como tener una librería, desde antes de ser libreras. Y uno de los motivos por los que estamos aquí es porque conocemos bien la expectativa que supone, como lectoras, la llegada de la Feria a tu ciudad. Y es una sensación inigualable.